No tiene sentido que quien tiene en su mano generar suelo público, condicionando que parte de él se libere para construir viviendas sociales, no lo haya hecho, y que ahora que los especuladores están en apuros se “acuerden” de los pobres para comprarles el suelo a los antes ya favorecidos con la pretensión de reservarlo para vivienda social de paso sacar del atolladero a esos parásitos que ellos han engordado.